La Generosidad de los árboles

Los árboles pueden vivir sin el hombre, pero el hombre no puede vivir sin los árboles.

Los árboles son seres generosos, enraizados para comunicar la tierra con el cielo. Los bosques, el hábitat en el que se agrupan los árboles, protegen la fertilidad del suelo, proporcionan oxígeno y regulan el ciclo del agua entre otros beneficios no sólo para los seres humanos sino para la flora y fauna que la hábitat. Sin árboles no podríamos vivir y son soportes vitales para la supervivencia planetaria.

 

Los árboles nos ofrecen materiales estructurales como la madera, frutos alimenticios, sustancias medicinales, fibras vegetales como el papel. Los árboles con su estructura corpórea nos proporcionan también un sin fin de beneficios humedad ambiental, sombra, cobijo, espacios de relajación, ocio.

 

Antaño en los poblados el centro estaba ocupado por un árbol, un árbol majestuoso bajo el cual se reunía la población en momentos especiales. El árbol era también un símbolo y así lo incorporó la tradición judeo-cristiana en iglesias, cementerios o monasterios. El árbol y cada especie con su particularidad son una fuente de sabiduría.

 

El árbol, al igual que todos los seres vivos son una emanación de energía vibratoria y estas pueden ser captadas por el ser humano cuando este pone su atención en sintonizarlas y entonces beneficiarse de esta comunicación energética.

 

En muchas tradiciones es habitual abrazar a los árboles, en especial determinados ejemplares viejos y majestuosos pues proporcionan paz y vitalidad.

Para percibir las cualidades sanadoras de los árboles tan sólo hace falta un acercamiento con nuestra mente en calma y en actitud de respeto. Esto nos permite entrar en comunicación interior con el árbol, una comunicación que se expresa de forma diferente en cada persona, pero que después de cada experiencia de acercamiento a un árbol maestro uno sabe perfectamente que ha sido una experiencia verdadera. En este ambiente de sosiego las sustancias volátiles del bosque complementan la revitalización más física que se obtiene del “sentir” el bosque.